Esta es una de las danzas de nuestro querido Perú que más me atrae; desde sus pasos, la vestimenta, el ritmo y la fuerza en cada guapeo. Quiero compartir con ustedes un poco de la reseña histórica de esta danza y su interpretación. Anímense a practicarla, chequeen los pasos.
A inmediaciones del Río Monzón y Pucará a sólo 47 Km. Al Noreste de Tingo María está ubicado el Distrito de Monzón con un clima cálido y húmedo a temperatura media de 24° C en donde habitaron la Tribu de los Carapachos asentados por varios siglos, quienes protegieron y defendieron la soberanía de la Amazonía y el emporio de sus tierras, como la flora y la fauna. Carapachos en nuestra lengua quiere decir desnudos, solo vestían con hojas secas de bombonaje, pieles y plumas silvestres (aves) tropicales. Adoraban al sol, la luna y se dedicaban a la acción guerrera defendiendo su territorio. Su condición económica fueron la caza, la pesca y la recolección de raices y frutos y al cultivo de la hoja sagrada de la coca.
Pucará fue un lugar en calidad de fortaleza militar donde los jóvenes eran adiestrados y purificados, luego se internaban en la selva dentro durante muchos días y meses y los que salían con vida eran nombrados inmortales. Allí sale la figura del jaguar, puma, serpiente y mono.
Las danzas representan las costumbres que tenían las tribus de los Carapachos, antes y después de la cacería. El jefe de la Tribu llama a jóvenes y adultos para ser sometidos a diversas pruebas de fuerza para saber quienes tenían que cazar para sus alimentos, en donde era un privilegio ser nombrado cazador por ser bien recibidos. Los cazadores atrapaban sus presas mediante "emboscadas" en donde sus instrumentos de guerra eran las lanzas y las flechas para matarlos. Las mujeres ahuman las presas en fogatas, cubierto con hojas silvestres, luego terminada la tarea se reunían para festejar la cacería.
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